El Castigo o Correctivo
Cuando se castiga mediante violencia física o verbal, se enseña una conducta agresiva. Si yo grito enseño a gritar y no escucho, me bloqueo y mi postura será de defensa. Si el niño vive rodeado de este modelo, estará adquiriendo el hábito de responder agresivamente a las situaciones conflictivas. Cuando los padres o maestros castigan mediante violencia física o verbal se convierten en modelos de conductas agresivas para los niños. Por eso tendremos como consecuencia comportamientos agresivos que no llevarán al aprendizaje y la conducta se hará recurrente.
Esto no quiere decir que no deba castigarse al niño, pero el castigo debe ser utilizado de una manera racional para concientizar y mejorar su conducta. No debe depender de nuestro estado de ánimo. Hay que controlarse para poder controlar al chico. No debe aplicarse un castigo con gritos o con riñas, porque esto indica que nuestro comportamiento es negativo y vengativo, lo que reforzará una conducta inaceptable. Si enseñamos a los niños que para resolver una situación conflictiva es necesario gritar, no resolvemos problema alguno.
Aunque sabemos que el castigo es un estado de ensayo y error, el niño debe aprender lo que puede y debe hacer y lo que no debe de hacer. Pero debemos de tener en cuenta que si él o ella no saben lo que está mal, no comprenderán por qué se les castiga.
Por ello es esencial observar las conductas de los niños para anteponernos a un comportamiento no deseado.
