Sociedades por la Educación en todo el mundo

lunes, 3 de septiembre de 2012

LA EDUCACIÓN BASADA EN COMPETENCIAS COMO UNA ALTERNATIVA AL ALCANCE DEL DOCENTE PARA ELEVAR LA CALIDAD DE SU PRÁCTICA Y CON ELLO LA CALIDAD EDUCATIVA EN MÉXICO.



LA EDUCACIÓN BASADA EN COMPETENCIAS COMO UNA ALTERNATIVA AL ALCANCE DEL DOCENTE PARA ELEVAR LA CALIDAD DE SU PRÁCTICA Y CON ELLO LA CALIDAD EDUCATIVA EN MÉXICO. 


"La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia..." 


No podemos negar que el entorno social tiene un papel preponderante en la educación, porque es en éste donde los alumnos y los maestros se desenvuelven. “No es posible soslayar la acción social en el proceso de formación del individuo” (Sañudo, 2006) porque gran parte de lo que somos como personas, es producto del lugar en donde vivimos. Por tanto, es imposible tratar de entender conceptos como educación o entendernos a nosotros mismos, sin comprender los contextos sociales en que estamos inmersos (Kemmis, 1996). 

Como maestros somos trabajadores al servicio del Estado, de la misma manera que agentes sociales, y nuestro quehacer se convierte en una compleja trama de relaciones (Fierro, 2000). Nuestra labor es una praxis social, así como objetiva e intencional, donde intervienen significados, percepciones, acciones, aspectos sociopolíticos, institucionales, administrativos y normativos. 

En otras palabras, el que se atreva a ser maestro debe convertirse en “un sujeto activo, participativo, consciente de su realidad y de los condicionantes que actúan sobre ella” (Fierro, 2000). 

A nivel nacional, existen numerosos retos establecidos por la numerosa población, las altas tasas de crecimiento, la diversidad lingüística, una geografía difícil y pocos recursos destinados a la educación. Con todos estos obstáculos y muchos más que se quedan hasta el momento sin mencionar, debemos realizar nuestro trabajo día con día. 

En una primera percepción puedo identificar como los principales enemigos que dificultan nuestra misión de educar, a la apatía de muchos alumnos por estudiar; poco apoyo a alumnos con necesidades educativas especiales; la pobreza; el desinterés y bajos niveles educativos de algunos padres de familia; la desvalorización que se hace del maestro y su función; la falta de oportunidades para conseguir un buen trabajo a través de un título; insuficientes recursos destinados a la educación; el perfil con el que egresamos de la escuela normal no nos permite conocer nuestro trabajo, es decir, ser investigadores de la educación; el mal uso que se hace de los medios masivos de comunicación… en fin, tantas cosas. De estos obstáculos, algunos no podemos cambiarlos, pero sí conocerlos, lo que nos permitirá tomarlos a consideración en el momento en que nos atrevemos a ser maestros. 

Como son muchas las personas involucradas en el proceso de enseñanza-aprendizaje, las relaciones que se establezcan entre éstas son inevitables. Por ello, se habla de una dimensión interpersonal. Una práctica educativa está integrada por las acciones del educador, las acciones del estudiante y la interacción entre ambos (Sañudo, 1997), además de la influencia de padres de familia, autoridades educativas, entre otros. Por lo tanto, estas relaciones son complejas, sobre todo por la diferencias individuales, que van desde edad, sexo, escolaridad, diversidad de metas, intereses, ideologías, preferencias políticas, etc. (Fierro, 2000). 

Como un acto intencionado, la educación tiene una referencia de axiológica, ya que nunca es neutral y en nuestra práctica damos cuenta de nuestros valores. Ellos están expresados en los valores personales, las normas que rigen la convivencia escolar, las situaciones sociales del entorno y el marco jurídico-político del sistema educativo. Con y sin intención, en el momento de estar en contacto con nuestros alumnos, les comunicamos nuestra forma de ver el mundo, y en esta relación influimos en la formación de sus ideas, actitudes y modos en que ellos interpretan la realidad (Fierro, 2000). 

El contexto es un aspecto determinante en el proceso de enseñanza-aprendizaje, porque facilita, dificulta o moldea nuestra práctica. Cuando existen condiciones óptimas –apoyo de los padres de familia, interés por el aprendizaje, ambiente alfabetizador, recursos materiales e infraestructura adecuada, una economía solvente que permita a los niños dedicarse al estudio, por mencionar algunos-, el trabajo docente rinde mejores frutos. En situaciones contrarias, lograr una verdadera educación, es luchar contra la corriente. De la misma manera, es el entorno el que nos dictamina lo que podemos, cómo lo podemos hacer y con qué lo podemos hacer. 

Las nuevas exigencias de la sociedad –entendiendo que la sociedad es parte del contexto-, es el hecho de que seamos maestros que alentemos a nuestros alumnos por el deseo de aprender y los preparemos para tal fin. No debemos olvidar que no lo sabemos todo, y que tenemos que preguntar e investigar para saber más. El propio contexto es el que nos lo reclama. 

Independientemente de la inflación de los actuales programas de estudio, que ha traído consigo un mundo de propósitos y contenidos desarticulados, que hace difícil para el alumno establecer una conexión con su entorno; o que muchos consideren que la escuela es repartidora de saberes sin utilidad ni aplicación -contrario a la condición de relevancia que la educación debe tener 

Los tiempos en que el docente tenía como únicas herramientas de trabajo a la tiza y el pizarrón, han quedado atrás. En periodos posteriores a la Revolución Mexicana, se buscó multiplicar escuelas y alfabetizar a la población. Por ello, el maestro de esa época realizaba su labor con los elementos que tenía a la mano. Si bien los avances educativos, en el plano cualitativo son notables, hoy se requiere elevar la calidad de la educación. Como las condiciones son diferentes a los de las etapas mencionadas, hoy existen nuevos elementos con los que se puede educar. 

Las sociedades han avanzado tecnológicamente, y deben aprovecharse esos avances en bien de la enseñanza. Quedarse rezagado, es volverse obsoleto y poco interesante para los alumnos. A los niños de la actualidad, les son atractivos todos aquellos objetos y aparatos novedosos. Ejemplo claro de ello, están la computadora, la televisión y los videojuegos. Así que como futuro docente, debo competir en con estos elementos y por tanto debo buscar las estrategias para ser igual o más interesante. 

Las intenciones del Estado Mexicano son establecer metas avanzadas que “permitan al país prepararse para hacer frente a las demandas educativas del futuro”, con lo que se prepare a los niños y niñas actuales para la vida. En otras palabras, se requieren escuelas y maestros visionarios, que preparen para la supervivencia y convivencia armónica. 

Tal como afirma Perrenoud (2003), cualquiera puede sentirse con temor e incertidumbre hacia lo nuevo, porque hay estándares que se han transmitido de generación en generación e intentar modificarlos de manera radical provoca oposición. 

Lo que es un hecho innegable es, tal y como lo afirma Bazdresch “el maestro, si quiere responder a los fines nacionales de la educación, requiere cambiar sus prácticas en el salón de clase” (2000:106). Así, afirmo que es prioritaria mi incorporación como futuro docente a la vanguardia, para que encuentre en ella una profesionalización de mi labor. He aquí, la importancia del uso de las competencias como un recurso para transformar mi práctica. 

El proceso de intervención, no se trata simplemente de que mis futuros alumnos expresen si se sienten educados, o que yo externe si educo. Éste va más allá, ya que incluye “la comprensión de la acción educativa después de un análisis que los confronte respecto de la significación profunda de educar” (Bazdresch, 2000:110). Es amplio y complejo, surgido desde mi persona y trabajo y en el cual, teniendo como constante la reflexión de la práctica -acciones, relaciones y significaciones-, buscaré detectar problemáticas integradas a la misma, explicarlas causalmente y buscarles alternativas de cambio o transformación bajo una perspectiva innovadora. 

Cabe mencionar que la práctica como un hecho social, no es un objeto estable, sino que se produce con la actividad cotidiana del hombre (Bazdresh, 2000), echando mano de destrezas, procedimientos, reglas de conducta, que dan sentido a las acciones. 

El proceso de intervención se convierte en una dialéctica de observación-reflexión transformación. En donde como docente seré el sujeto investigador, pero a la vez necesitaré distanciarme de las prenociones que tengo de la práctica, no sólo para transformarla -que es el objetivo estratégico-, sino también para modificar la noción o definición que poseo de la misma. Intentar un cambio en las situaciones de enseñanza, lleva dificultades y resistencias. El eje rector es la metodología empleada, porque es precisamente en mi propia tarea, donde debo contrarrestar la problemática. 

Debo lograr que mis alumnos logren construir un aprendizaje significativo, a través de una reestructuración de la metodología didáctica de mi práctica, que permita desarrollar competencias. Pueden surgir la interrogante ¿para qué las competencias? La respuesta es simple: trabajar por competencias permite englobar el conocimiento, tal y como ocurre en la vida diaria; también, prepara a las generaciones para comprender y transformar el mundo en que viven; las situaciones cotidianas no tienen orientación enciclopédica, sino globalizada, tal y como se orienta el trabajo para desarrollar competencias.

Una competencia es la capacidad de actuar de manera eficaz en un tipo definido de situación, que se apoya en conocimiento, pero no se reduce a ellos (Perrenoud, 2003). Bajo esta concepción, las competencias se encargan de la movilización de recursos, conocimientos, destrezas y de otras competencias. Por lo tanto, un verdadero cambio en mi práctica, dependerá de una transformación paulatina y de fondo, en el que mi papel trascienda de transmisor a coordinador de las actividades de los alumnos. 

Mi formación docente, provocará que trabaje capacidades descontextualizadas, con un sentido vago, que puede dar cabida a múltiples interpretaciones. Para iniciar con la transformación, reconociendo que una competencia depende de una dosis justa entre el trabajo aislado de sus diversos elementos y la integración de estos elementos en una situación de operabilidad (Etienne y Lerouge en Perrenoud, 2003), por lo que son mejor cabezas bien hechas que cabezas llenas, debo terminar con el supuesto de que el alumno que trabaja más, aprende mejor. Bajo esta perspectiva, es indispensable que seleccione las actividades y me centre a que lo que se haga, sea comprendido y tenga aplicabilidad. 

Entre los obstáculos que encontraré está el de la dificultad de romper con los esquemas con que fui educada. Debo reconocer que los saberes son instrumentos para movilizar, según las necesidades; también, que el trabajo debe realizarse regularmente bajo situaciones-problemas y no simplemente como una secuencia de actividades; tengo que dar apertura a la negociación y la conducción de proyectos con los alumnos; de la misma manera, es preciso que haga la planeación de clase de forma flexible e indicativa, en la que se pueda improvisar y practicar una evaluación formativa; y por último, debo globalizar las disciplinas (Perrenoud, 2003), es decir, debo abandonar esquemas de trabajo por asignaturas, que deben cumplir un tiempo y que no existe una clara relación de unas con otras, deberé aplicar la transversalidad. ver enlace

Como un segundo obstáculo, tengo el hecho de que las competencias presuponen un menor control del aprendizaje. Primero, porque se debo aceptar los desempeños y competencias colectivas y cesar de medir la contribución individual. También, porque tengo que renunciar a estandarizar la evaluación, favoreciendo la evaluación mutua, los balances de saberes y la autoevaluación (Perrenoud, 2003). El conocimiento será menos medible. Es decir, deberé cambiar de primacía cuantitativa, para dar paso a la cualitativa. La lógica de esta premisa estriba en que a través de un número no se puede reflejar las capacidades, los conocimientos y las actitudes y valores adquiridos por algún individuo. Normativamente, debe emitirse un número, pero trabajar por competencias exige que sea menos frío y más claro en cuanto a la valoración de los aprendizajes. ver enlace

Estas situaciones dejan entrever que el romper los esquemas de enseñanza es bastante complicado. No obstante como maestro, al dedicarme prioritariamente al desarrollo de conocimientos en mis alumnos, me alejo de los principios básicos que emanan de la Constitución, en la fracción II, inciso b: “será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”. Que en otra frase utilizada frecuentemente, puede resumirse en Educación para la vida.

Ser docente no será una tarea sencilla, y más aún no hacer las cosas como siempre se han hecho. Hacer un estudio de lo que será mi práctica, en el afán de encontrar las situaciones mejorables o problemáticas, tiene como fundamento transformarla. El paso obligado es la elaboración de un proyecto de intervención basado en competencias. 

Como es de vital importancia el diseño de un proyecto congruente, acorde a las necesidades de mi práctica y mis características como persona, su planeación debe ser cuidadosa. Por otro lado, más allá de este proceso, es imprescindible estar dispuesto al cambio y sobre todo, que éste no solamente se quede durante la aplicación del proyecto, sino que sea uno de los ejes del trabajo futuro. ver enlace

El país requiere personas educadas. Una de las claves para lograrlo, se encuentra en cada maestro, en los que se encuentran ya realizando su práctica, como los que seremos los futuros educadores. Bien es cierto que no se cuenta con los materiales, ni el medio es favorable para educar, pero es necesario seguir educando, en toda la extensión de la palabra. Más que con buenos deseos, se educa con un trabajo profesional y científico, acorde a los tiempos, lugares y condiciones. 

Es tiempo de que deje falsos paradigmas con los que fui educada. Son otros tiempos y la niñez y la juventud lo vale. Deberé transformar mi práctica desde mi campo de acción, para elevar la calidad de la educación. ver enlace




BIBLIOGRAFÍA 

Perales Ponce, Ruth C. (2006). La significación de la práctica educativa. 1ª edición. Ed. Paidós, México.

Plan y Programas de estudio (1993). Educación Primaria. SEP. México.

Fierro, Cecilia (2000). Transformando la práctica docente. 1ª reimpresión. Ed. Paidós, México.

Educadores de México en el arte y en la historia (2005). SEP. México.

Perrenoud,Ph(1996) Métier d`éleve et sens du travail scolaire,Paris,ESF,2e

éd.(Medio de alumnos y de sentido de trabajo escolar).


1 comentario:

  1. Me dio mucho gusto leer tu ensayo porque es ameno y logras expresar ideas muy relevantes desde tu punto de vista.

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